La velada había sido una tortura de sonrisas fingidas. En un momento de pausa, mientras Aurora saludaba a otros dignatarios, me acerqué a Alistair para pedirle un poco de agua. Él me miró, y la amabilidad que había mostrado frente a los príncipes se evaporó como el rocío bajo un sol abrasador.
—¿No puedes estar un segundo sin perseguirme, Elowen? —me siseó, inclinándose como si fuera a besar mi mejilla, aunque sus palabras eran puñales—. Me asfixias. Disfruta de la fiesta y déjame respirar. Me