La visita de Caspian y Aurora convirtió la mansión de los Blackwood en un hervidero de alegría constante y genuina. Durante una semana entera, el Norte pareció olvidar su severidad legendaria y sus cielos plomizos. Paseaban por los jardines todavía cubiertos por una fina capa de nieve y compartían cenas interminables frente al fuego, donde Aurora no dejaba pasar ni una sola oportunidad para bromear sobre cómo Alistair había pasado, casi de la noche a la mañana, de ser un temido "lobo solitario