Cinco años habían pasado desde que el llanto vigoroso de una niña rompió por fin el pesado silencio del invierno en la mansión de los Blackwood. El Norte ya no era aquel reino sombrío, gélido y hostil que Elowen encontró al llegar en aquel carruaje lleno de incertidumbre; ahora, los amplios pasillos de piedra resonaban constantemente con risas cristalinas y el eco rítmico de unos pasos pequeños, rápidos y decididos que llenaban de vida cada rincón. Alistair estaba de pie en el balcón del gran s