Los días previos a la recepción real fueron una guerra de nervios en la mansión Blackwood. Alistair regresaba tarde cada noche, impregnado del aroma a tabaco y de la melancolía de quien ha estado cerca de su paraíso sin poder entrar en él. Apenas cruzábamos palabras; él era una sombra gélida que evitaba mi mirada, y yo era la presencia silenciosa que contaba las horas para el momento de la verdad.
La noche de la recepción, el ambiente en mi habitación era asfixiante. Mi doncella ajustó el corsé