Pasaron tres meses desde que la paz definitiva se asentó en las tierras del Norte. La mansión, que durante años fue un lugar frío, oscuro y silencioso, ahora vibraba con una calidez nueva y desconocida que parecía emanar de cada rincón. Alistair se había convertido en una sombra protectora para su esposa; si no estaba atendiendo asuntos urgentes en su despacho, se le encontraba invariablemente buscando a Elowen por los jardines o los salones.
Su adicción por ella no había mermado con la convive