Los últimos meses de gestación se transformaron en una auténtica montaña rusa de emociones desenfrenadas dentro de la mansión. Elowen, con sus singulares y profundos ojos morados brillando con una intensidad nueva, casi mística, pasaba de la risa más cristalina al llanto desconsolado en cuestión de segundos, y Alistair parecía haber hecho un doctorado de honor en paciencia y contención.
El Duque había aprendido a leer cada cambio en su mirada, anticipándose a sus necesidades antes de que ella m