La amenaza de Camila ya no era solo palabras.
Dos días después de la última filtración, mientras Lia paseaba con Mateo en el jardín de la mansión, un auto negro desconocido se detuvo frente a la reja principal. Del vehículo bajó una mujer con gorra y gafas oscuras. Llevaba un sobre grande en las manos.
El personal de seguridad la interceptó inmediatamente.
—Señora, no puede pasar —dijo uno de los guardias.
La mujer sonrió con frialdad y entregó el sobre.
—Díganle a Lia Moreau que esto es de par