Veinte años después.
La casa frente al mar había envejecido con dignidad, igual que sus habitantes. Las buganvilias ahora cubrían casi toda la fachada y el árbol blanco que plantó Camila se había convertido en un gigante lleno de vida.
Lia Valentina tenía treinta y ocho años. Era una reconocida psicóloga especializada en trauma familiar. Había publicado dos libros y daba conferencias en varios países. Sin embargo, cada verano, sin falta, regresaba a la casa.
Esta vez no venía sola.
Traía consig