El problema de acercarte a alguien como Viktor Makarov es que nunca sabes si te está ofreciendo su mano… o preparando el terreno para enterrarte.
Despertar a su lado había sido una especie de blasfemia emocional. Él dormía como si el mundo no pesara sobre sus hombros. Una mano tibia y pesada rodeaba mi cintura, como si mi cuerpo fuera su ancla, su hogar temporal. Pero yo no dormí. No realmente. No después de la nota. No después de entender que la amenaza venía desde adentro.
Y ahora, esa cercan