La ciudad ya no duerme.
Ni siquiera finge hacerlo. Hay un murmullo constante en el aire, como si los edificios susurraran entre ellos, como si las sombras se pasaran secretos de una esquina a otra. Moscú está dividida. Algunos quieren sangre. Otros… simplemente quieren sobrevivir al fuego que se avecina.
Y en el centro de ese huracán estamos nosotros.
Yo, Ariadne Makarov, la esposa conveniente, la intrusa que alteró el equilibrio con solo respirar. Y él… Viktor Volkov. El heredero que renunció