La nota seguía clavada en mi mente, como un filo invisible que rozaba cada pensamiento. "Las esposas pueden ser reemplazadas." La amenaza era clara y helaba la sangre. La villa, con sus muros imponentes y jardines frondosos, ya no se sentía como un refugio. Cada sombra parecía esconder ojos que vigilaban, susurros que acechaban.
Me levanté temprano, el sol aún tímido, y caminé por los pasillos con la sensación de que alguien me seguía. A cada esquina, a cada reflejo, buscaba señales de peligro.