Dicen que los hombres como yo no sufren.
Que somos hechos de piedra, de pólvora y de promesas rotas.
Que nada puede quebrarnos.
Mentira.
El corazón de un demonio también se parte… solo que hace más ruido.
Y el mío estalló la primera vez que la vi caer.
Ariadne.
Mi esposa por contrato. Mi perdición. Mi redención.
Y ahora…
Una muñeca dormida en una cama fría, conectada a más cables que los que debería soportar un cuerpo humano.
El cuarto olía a desinfectante, a silencio… y a muerte lenta.
—¡De