La primera vez que entré a esta sala, lo hice con las rodillas temblando y la mirada baja.
Hoy… cada paso que doy resuena como un disparo.
Cada pisada es una advertencia.
Ya no soy solo la esposa del heredero.
Ni la huérfana que buscaba sobrevivir.
Soy la hija de un linaje olvidado.
La herencia de un poder más antiguo que las promesas rotas de esta sala.
Y ellos… lo saben.
—¿Está segura de lo que está haciendo, señorita? —pregunta uno de los ancianos, mirando mis manos como si esperara que