Magia Ancestral
Elías era una tempestad. Su piel tensa, sus músculos rígidos, el olor a adrenalina y furia pura llenaba el pequeño habitáculo de seguridad. Las noticias de la traición, el asalto a Luna Sombría y la confirmación de Víctor como el depredador detrás de todo, habían desatado al Alfa.
—¡Tengo que irme, Ariadna! ¡Ahora!— rugió Elías, golpeando la mesa con el puño. Sus ojos dorados no veían el presente, solo el futuro manchado de sangre de sus enemigos. —Cada segundo que pasa, Víctor