El Juramento Silencioso de la Guardiana
La pregunta de Ariadna no requirió respuesta inmediata. Elena cerró los ojos y el abrazo con sus hijos se disolvió, no por rechazo, sino porque la oleada del pasado era demasiado poderosa para contenerla. Elías y Ariadna vieron cómo el rostro de la mujer cambiaba, su color volviendo a la palidez que habían temido, mientras el peso de un secreto ancestral la aplastaba.
—No permití que lo trajeran —murmuró Elena, su voz a penas audible—. Creí haber evitado