Mundo ficciónIniciar sesiónFirmó un contrato, entregó su tiempo, nunca pensó entregar el corazón. Maddison Evans es joven, inteligente, y sabe cuál es su lugar: asistente personal del hombre más poderoso de la ciudad… y de su vida. Lo que comenzó como miradas furtivas y silencios llenos de tensión, pronto se convirtió en un secreto peligroso: ella es la amante del CEO. Derek Kingsley no mezcla los negocios con el placer. Hasta que la conoció a ella. Sabe que Maddison no pertenece a su mundo, y sin embargo, la mantiene en la sombra, lejos del escándalo, lejos de su prometida… y lejos del amor que nunca se permite sentir. Cuando Maddison descubre que Derek está a punto de casarse con otra por motivos que no puede revelar, su mundo se derrumba. Pero el golpe más fuerte está por llegar: está embarazada. Herida, humillada y rota, huye sin mirar atrás. Pero Derek Kingsley no está acostumbrado a perder. Y ahora que sabe que ella le que le pertenece, hará lo que sea para recuperarla. Aunque tenga que romper todas sus reglas, aunque tenga que destruirlo todo.
Leer másCAPÍTULO 173: LA PROMESA CUMPLIDADerekUn mes después…La cabaña donde tantas veces buscamos consuelo después del caos parece distinta esta noche. No hay rastros de oscuridad ni secretos, solo el suave resplandor de velas que he colocado por cada rincón y un aroma tenue a jazmín flotando en el aire. Afuera, el bosque se balancea con un viento leve que hace crujir las ramas. Todo está preparado. La mesa junto a la chimenea está cubierta con un mantel blanco, copas de cristal y una cena que casi no importa, porque lo único que realmente quiero de esta noche es que Maddison entienda que, después de todo lo que sobrevivimos, nada me importa más que cumplir lo que siempre debí darle: una vida en la que nunca vuelva a sentirse como un secreto, como una simple amante.Cuando entra con su cabello cayendo en ondas sobre los hombros y un vestido sencillo que se mueve como una caricia al ritmo de sus pasos, el aire se me queda atrapado en los pulmones. Su mirada recorre las velas, la mesa, la ch
CAPÍTULO 172: AJUSTE DE CUENTASDerekEl portón de la prisión se abre con un chirrido largo y pesado, como si hasta el metal supiera que nadie entra aquí sin cargar con un peso. El aire huele a óxido y lejía, a un silencio forzado que se siente más denso que cualquier palabra. Sigo al guardia que me guía por un pasillo angosto, las paredes de concreto marcadas por años de golpes y arañazos. Cada paso que doy me hace pensar en todo lo que ocurrió; mi mente está enfocada en una sola cosa: cerrar lo que aún me ata a todo esto.La primera puerta que se abre es la de Gregory Beaumont. Lo encuentro sentado en un banco de metal, con las manos esposadas y los ojos fijos en un punto invisible. No se inmuta al verme, como si ya supiera que vendría. Apenas levanta la mirada y una sonrisa torcida se asoma en su rostro.—Kingsley —murmura, como si saborear mi apellido le diera algún placer enfermo—. O debería decir… Derek, a secas.—No vine para escucharte jugar con mi nombre —respondo, cruzando l
CAPÍTULO 171: FANTASMAS EN LA CELDAMaddisonHan pasado tres meses desde que todo terminó. Desde aquella noche en la cabaña, desde que el fuego destruyó a Vanessa y por fin encontré a mi hijo. Volvimos a California con Liam y, aunque la adaptación ha sido difícil —su tratamiento, sus nuevas rutinas, las pesadillas que todavía lo despiertan algunas noches—, al fin podemos respirar. Derek ha retomado su lugar en la empresa, yo sigo mis controles médicos porque mi embarazo no es fácil, pero estamos juntos, como familia. Y eso lo cambia todo.Hoy venimos a cerrar capítulos que llevan demasiado tiempo abiertos. Liam se queda con Sofía mientras Derek y yo venimos al centro de detención, porque hay fantasmas que necesitan mirarse a los ojos antes de dejarlos ir. Derek irá a hablar con Gregory, el hombre que estuvo detrás de tantas pérdidas. Yo… necesito ver a Andrew.El portón del centro chirría cuando se abre, dejando pasar el vehículo que nos conduce al interior. El olor a metal oxidado y
CAPÍTULO 170: EL VEREDICTO DEL ADNMaddisonEl pasillo del hospital está en silencio cuando tomo aire y empujo suavemente la puerta de la habitación donde Liam descansa. Llevo una mascarilla, no porque tenga miedo de contagiarme de algo, sino porque es la única forma en la que puedo moverme sin que Sofía o las enfermeras sospechen que estoy aquí. La luz tenue baña su rostro mientras duerme, o al menos creo que lo hace, y por un instante me quedo de pie, observándolo como si todavía temiera que todo esto sea un sueño del que voy a despertar.Me acerco despacio, me siento en la silla junto a su cama y dejo que mis ojos se detengan en su cabello oscuro y rebelde, en sus pestañas largas que proyectan sombras sobre su piel clara. Es tan pequeño y, al mismo tiempo, parece tan ajeno a este lugar, como si su mente ya estuviera en otro mundo que yo no puedo alcanzar.Extiendo la mano y le acaricio el cabello, con suavidad, como si el más mínimo roce pudiera despertarlo. Siento el nudo en mi ga
CAPÍTULO 169: ÚLTIMO OBSTÁCULOMaddisonLas luces de las ambulancias parpadean como destellos enloquecidos que me queman los ojos, pero no me muevo. Estoy sentada en el borde de la camilla, con las manos temblando, la respiración irregular y el pecho apretado como si el aire se hubiera vuelto demasiado denso para entrar en mis pulmones. Entonces lo veo: la puerta lateral del infierno se abre y de entre las sombras, cargado por dos bomberos, aparece Derek. Su rostro está ennegrecido por el hollín, la piel de sus brazos marcada por rasguños y pequeñas quemaduras, y su mirada es la de alguien que ha visto la muerte demasiado de cerca.Mis ojos se llenan de lágrimas y no puedo contenerlas. Corro hacia él con mis pies descalzos sobre el césped frío y me cuelgo de su cuello sin importarme que su camisa esté empapada de humo y sudor. Siento su respiración pesada contra mi oído, su mano temblorosa en mi espalda, y escucho su voz ronca.—Estoy bien… —dice, aunque su tono es frágil, quebrado—.
CAPÍTULO 168: LA MÁSCARA ROTAVanessaEl calor me golpea de forma brutal cuando mi espalda choca con el suelo empapado de gasolina. No alcanzo a ver qué pasó, solo siento que mi cuerpo se hunde en un infierno vivo. El fuego sube por mis piernas, por mis brazos mientras me devora. El dolor es tan atroz que ni siquiera puedo pensar, solo gritar.—¡Ahhh! ¡Me estoy quemando! ¡Auxilio! ¡Alguien, ayúdenme! —mi voz es un alarido, desgarrada, más animal que humana. Cada bocanada de aire es humo y fuego entrando en mis pulmones. Toso, escupo negro, mis ojos arden y las lágrimas se evaporan antes de caer.Intento rodar, apagar las llamas con mis manos, pero la piel se me pega al suelo, las ampollas revientan y cada intento es más doloroso que el anterior.—¡Por favor! ¡No quiero morir! ¡Ayúdenme! —grito otra vez, mi garganta se desgarra con cada palabra.Escucho un ruido lejano, una voz apagada, como si viniera desde un túnel. ¿Son bomberos? ¿Es Derek? No lo sé. Mi cuerpo tiembla, las fuerzas m
Último capítulo