CAPÍTULO 172: AJUSTE DE CUENTAS
Derek
El portón de la prisión se abre con un chirrido largo y pesado, como si hasta el metal supiera que nadie entra aquí sin cargar con un peso. El aire huele a óxido y lejía, a un silencio forzado que se siente más denso que cualquier palabra. Sigo al guardia que me guía por un pasillo angosto, las paredes de concreto marcadas por años de golpes y arañazos. Cada paso que doy me hace pensar en todo lo que ocurrió; mi mente está enfocada en una sola cosa: cerrar