El ascensor descendía lentamente.
Victoria se llevó las manos al rostro, temblando.
—No puede ser… —murmuró entre sollozos—. No puede ser…
Las palabras de Santino golpeaban su mente una y otra vez.
Era verdad.
Ese hombre había matado a su madre.
Y ahora…
También había matado a su hermano.
Su respiración se volvió irregular. El pecho le dolía. Sentía que el aire no le alcanzaba.
El marcador del ascensor comenzó a descender:
3… 2…
Su corazón latía con fuerza, descontrolado.
—No… no… —susurró, neg