El aire dentro del consultorio se volvió irrespirable.
Todo ocurrió en cuestión de segundos.
Marcello empujó a Damián con fuerza, haciéndolo tambalear hacia atrás. Antes de que pudiera reaccionar, ya tenía el arma en la mano, firme, apuntando directo a su cabeza.
—No… —susurró Victoria, incorporándose sobre la camilla—. Por favor… no lo haga…
Marcello giró lentamente la cabeza hacia ella.
Y sonrió.
Le guiñó un ojo, como si aquello fuera un juego.
Como si no estuviera a punto de matar.
Damián re