La cena transcurría bajo una tensión elegante, de esas que no se dicen, pero se sienten en cada respiración contenida. La mesa era larga, impecable, iluminada con una luz cálida que contrastaba con la oscuridad que parecía habitar en cada uno de los presentes. El patriarca ocupaba la cabecera, erguido pese a su edad, con el bastón apoyado a un lado como símbolo de poder más que de necesidad. A su derecha estaba Santino, imponente, vestido completamente de negro, y a su lado… Victoria.
Ella se m