Santino no dijo una sola palabra cuando extendió el brazo hacia Victoria, pero el gesto fue claro, firme, inevitable.
Ella lo miró por un segundo, como si midiera la distancia entre lo que era y lo que estaba a punto de hacer, y finalmente deslizó su brazo entre el de él. El contacto fue inmediato… eléctrico. No fue algo visible para los demás, pero ambos lo sintieron. Una corriente silenciosa que subió desde la piel hasta el pecho, instalándose ahí como una advertencia peligrosa.
Santino ten