Santino no respondió de inmediato.
Sus ojos estaban clavados en los de Victoria, oscuros, intensos… peligrosamente cerca de perder el control. Su mano seguía firme en la cintura de ella, como si en ese instante el mundo entero se hubiera reducido a ese pequeño espacio entre ambos.
Victoria sintió su respiración mezclarse con la de él.
—Suéltame… —susurró, pero su voz no tuvo la fuerza que pretendía.
Santino inclinó apenas el rostro, acercándose más.
—Dime que quieres que lo haga… y lo haré.
Vic