Berlín, Alemania
Emilia
El silencio dentro del auto es tan espeso que podría cortarse con una navaja. No hay música, no hay palabras, solo el ronroneo constante del motor y el zumbido de mi respiración, que intento controlar sin éxito. Mi corazón late como si quisiera escapar. Como si supiera que estoy a punto de regresar al lugar donde, hace apenas unos meses, mi mundo se derrumbó por completo.
La mansión de Viktor. Mi prisión disfrazada de palacio.
La idea me aprieta el pecho como si de un la