Berlín, Alemania
Emilia
Estoy en mi habitación, sentada sobre la cama con las rodillas recogidas contra el pecho. Mis pensamientos no dejan de girar en torno a él. Al beso. A la sensación de sus labios devorando los míos como si no pudiera detenerse. A la forma en que su brazo me envolvió anoche, fuerte y seguro, como si quisiera protegerme incluso en sus sueños.
Mis dedos se deslizan por mis labios, como si pudieran recrear el calor de su boca. ¿Qué estamos haciendo? La puerta se abre de golpe