Berlín, Alemania
Viktor
El eco de mis propios pasos resuena por el largo pasillo del sótano. Frío, oscuro y húmedo, este lugar siempre ha sido el rincón perfecto para recordarle a la gente quién soy en realidad.
El soldado está ahí, atado a una silla metálica en el centro del cuarto. Sus muñecas están sujetas con firmeza gracias a las bridas plásticas, y sus tobillos encadenados a las patas de la silla. Lo tengo donde quiero. El hombre respira con dificultad. Puedo ver el sudor resbalando por