Mundo ficciónIniciar sesiónEntro al elevador contemplando a Sam. Aún tiene esos moretones en el cuello y las marcas en el rostro; parece un boxeador retirado.
Las losas blancas y perfectas del piso parecen trozos de espejo bien acomodados, y las paredes son tan pulcras que da pena respirar para no ensuciarlas.
Cuando Sam abre la puerta de la habitación que nos tocó, todo es aún mejor: una cama enorme y hermosa justo en el centro, con una decoración impecable y de muy buen gusto.
Sam detiene su mirada en mí mientras desempaco.
—¡Yo dormiré en la cama! Tú en el suelo —le ordeno sin excusas.
—¡Ya veremos! —me desafía, devorándome con la vista.
—La reunión es a las tres… tenemos tiempo suficiente para relajarnos.—agrega él, demasiado suelto, demasiado relajado.
—¿Cómo que relajarnos?
—Hay una piscina… atrás. Muy pequeña, pero privada. ¿Te apetece?—me invita colocando delicadamente su maleta en el suelo.
—¡No! No sé nadar y no tengo traje de baño.
—No lo necesitas… solo es un baño… anda —insiste con ojos suplicantes.
Lo miro algo enojada. No dice nada de anoche y yo menos, pero no puedo negar que estoy ansiosa por ir. Me cruzo de brazos y acepto.
—De acuerdo… ¿cuándo vamos?—me apresuro a preguntar .
—Ahora.
—¿Qué? ¿Ahora? ¡Tanta prisa! Acabamos de llegar.
—¿Y? Antes es mejor. Sígueme.—deja la maleta a medias y me da la espalda.
No me opongo y lo sigo en silencio.
Muy cerca de la salida, tras una puerta enorme, un hermoso salón con una piscina escondida nos recibe. No hay absolutamente nadie; solo las aguas claras y cristalinas que embriagan con su belleza.
Sam se detiene en la orilla, se quita los zapatos, luego la camisa y el pantalón. Pensé que se sacaría los calzones, pero parece volverse educado.
Puedo analizar su espalda bajo los rayos de sol que se filtran sobre el agua y las estatuillas de mármol. Ahí también tiene tatuajes. De repente, se lanza al agua y me invita a hacer lo mismo.
—Es que… no tengo… no sé si deba —murmuro, agarrándome las manos.
—Vamos, Estela… no te va a pasar nada.
Me saco rápidamente la blusa, enrollo mi cabello en una perfecta cebolla, bajo la falda y lo observo mientras mis brazos cubren el sujetador. Camino despacio y me acomodo en las escaleras de color púrpura.
Poco a poco siento el agua tibia escurrirse por mi cintura, una sensación deliciosa y refrescante.
Sam se aproxima despacio, nada un poco a mi alrededor y se acerca.
—Estela… ¿por qué pasas tiempo conmigo?
Su pregunta me sorprende. No sé qué responder; estoy nerviosa o no sé si debería admitir que nuestros encuentros han sido planeados por él.
—Yo… bueno… no lo sé —balbuceo, sonriendo como tonta.
—Eres muy bonita y no puedo dejar de mirarte.
Cada palabra de su boca me enciende el alma; un vapor extraño sube por mi médula y siento mi corazón palpitar a mil latidos por segundo.
No veo a Sam; mi juicio se nubla completamente. No sé qué va a suceder, pero lo que siento me gusta.
De pronto, me saca de mis pensamientos. Me toma por la cintura y me coloca de espaldas contra él. El agua tibia me relaja un poco y siento algo duro y prominente presionando mi trasero.
Sus manos largas envuelven mi cintura y me besa sigilosamente el cuello, unos besos mojados por el agua que me erizan hasta el alma.
Poco a poco introduce sus manos dentro de mi braga. Siento un cosquilleo muy satisfactorio en el vientre mientras sus dedos acarician mi entrepierna.
Rápidamente sube y masajea despacio mi parte íntima. Un calor sofocante se apodera de mi cuerpo y, mientras más presiona contra mi trasero, más apresura el masaje. No puedo evitar ahogar un gemido y mi cuerpo se pone rígido.
—¡Córrete para mí, Estela! —susurra en mi oído.
Unos espasmos gloriosos doblan mi cintura y una sensación de alivio y sueño me devuelve el aliento.
El celular de Sam no deja de sonar. Rápidamente sale del agua, seca sus dedos en la camisa y responde:
—Sí… no hay problema… no se preocupe —concluye y cuelga.
—¡Estela! Esta noche, después de la reunión, habrá una fiesta de apertura.
Aún estoy aturdida. Salgo del agua y Sam me envuelve con su camisa.
—Vamos a cambiarnos ,debemos darnos prisa—musita mientras se viste.
Estoy ansiosa y asustada. Un pánico terrible martilla mi mente: «¿Y si quiere aprovecharse de mí?» pienso mientras me visto.
De vuelta en la habitación, Sam se dispone a trabajar.
—Debemos terminar esto para esta noche… ¿realmente eres muy inteligente, Tela? —masculla, sacando la portátil.
—¿Tela? —pregunto, arqueando una ceja.
—Es más fácil que Estela —sonríe burlón.
No hago mucho caso; son tantos los pendientes y el trabajo que debemos hacer que mi mente se autoprograma para concentrarme.
Me acomodo cerca de él y lo ayudo. Ya es casi media tarde cuando imprime el último informe.
—Esta marca es muy importante. El Hyundai color cereza está valorado en millones de dólares. La compañía es de Corea, pero tiene sede aquí en Ohio, así que nada puede fallar —explica Sam, guardando todo el trabajo que hicimos.
—En esta memoria USB está todo, Estela. Guárdala tú… esta noche no te despegues de mí. Estas personas son peligrosas.
—¿Peligrosas?
—Sí… no te acerques a Mark, su representante. Promételo.
—Sí… claro.—titubeo,antes nerviosa,ahora asustada .
Ahora estoy aterrada ; esta noche será crucial.
—Voy a darme una ducha —anuncia Sam, tomando otros calzones y nada de ropa.
No sé qué se trae entre manos, pero no insinúa nada… todavía.
Sam tarda tanto en la ducha que se me ocurre una idea para sacarle información sincera.
Cuando finalmente abre la puerta del baño, le tengo una sorpresa:
—¡Te propongo un juego!—suelto con algo de torpeza.
—Mmm… dime.
—En esta mesa hay cuatro trozos de papel con preguntas. Cada uno será colocado en mi cuerpo. Tú decides; si no quieres responder…
—Pasaré mi lengua por el lugar que ocupaba el papel —me interrumpe, muy seguro.
—¡Oh! Yo… bueno, está bien —balbuceo, pensando en qué diablos estoy haciendo.







