—¿A un muerto, cómo que a un muerto? —averigua él, me atrevería a pensar asustado.
—¿El lleva en tercer ojo, no?... de la forma que habló de Nicol, debe ser su vecina, causante de su infidelidad, la tercera alma maldita, solo faltarían dos —espeto poniéndome de pie, avanzo hacia la impresora, regreso y me vuelvo a parar.
Sam está ahí , con sus ojos posados en mi trasero, intento evadirlo, no entendí muy bien a qué se refirió con que nos lastimamos, la única que lo lastimó fui yo.
Sin darme c