Trago saliva y suspiro, esos ojos azules están envolviendo mi cuerpo como si el mundo se desvaneciera por unos segundos eternos, esos labios adictivos me hablan cómo si tocarlos significara tocar el mismo cielo, esos músculos marcados me aceleran el corazón y me nublan el juicio.
Juicio… ya no tengo. Ya no existe. Se disuelve igual que el aire gélido que me sofoca los pulmones mientras su cercanía me endulza el alma de una forma peligrosa, adictiva, casi cruel.
—¿Enamorados?... Mark amo a Sam