Damián Feldman.
Había trabajado con Amelie los últimos días y, para ser honesto, nuestra relación era un desastre. De cada veinte minutos que pasábamos juntos, dieciocho los dedicábamos a discutir por estupideces, sin sentido alguno.
Estaba harto. Y más aún al ver que mi padre seguía insistiendo en que debía pasar más tiempo con ella.
—Ya te lo dije, papá, no la soporto ni un día más. Me parece repugnante. No entiendo cómo pudiste elegirla como esposa.
Bartolomeo suspiró con fuerza, frunciendo