Fernando
No pude dormir en toda la noche. Me giraba de un lado a otro en la dura cama, escuchando el canto de los grillos y el repique lejano de la vieja campana del campanario cada hora. Cerraba los ojos y ahí estaba ella… su rostro, sus labios, su mirada sorprendida, sus mejillas encendidas cuando me miraba.
Sofía.
Desde que llegó al convento, todo mi mundo se había puesto de cabeza. Y ahora, después de lo que sucedió en la ducha… Dios mío, ¿qué estoy haciendo?
Suspiré, frotándome los ojos co