Sofia
El día más hermoso
Nunca pensé que mi vida terminaría llevándome a este momento. De pie, frente al espejo del pequeño vestidor del convento, me observaba con el vestido blanco que me regaló Teresa, ese que parecía hecho con hilos de esperanza y puntadas de amor. No era un vestido ostentoso, pero tenía el encanto de lo sencillo: encaje en el pecho, mangas delicadas y una falda ligera que caía como si danzara con el aire.
Eva, la hermana de Fernando, fue quien entró primero. Su sonrisa era