Sofía
El sonido de las campanas retumbó en mis tímpanos con tanta fuerza que creí que Dios había decidido castigarme por todos mis pecados juntos.
Abrí los ojos con dificultad, parpadeando mientras miraba el techo de madera oscura de la pequeña celda que me habían asignado. Estaba tan fría como mi corazón cada vez que recordaba a Leonardo.
—Cinco de la mañana… —murmuré, con voz ronca de ultratumba—. Bueno… creo que el Congo hubiera sido buena idea… no, no… malísima idea… serpientes, calor, mal