Sofia
Jamás pensé que un viaje en camioneta pudiera emocionarme tanto. Sí, esa van blanca reluciente que había conseguido casi de milagro la sentía como un carruaje real. Me senté junto a la ventana, pegando la frente al vidrio, mirando el camino mientras la brisa marina me revolvía algunos cabellos sueltos.
La Madre Superiora se sentó en el asiento del copiloto, con su porte recto y elegante, mientras Eva se tiraba en la silla de al lado mío como si fuera una adolescente de trece años, sacan