El video seguía abierto en la pantalla, detenido justo en el momento en que Ethan asentía. El hombre enmascarado —con el escudo de Salvatore Holdings detrás— lo autorizaba con un simple gesto. Ni una palabra más. Solo ese leve movimiento de cabeza que sellaba el destino de una mujer que ni siquiera sabía que ya había sido elegida.
—¿La traemos al juego?
No una mujer.
Una ficha.
Una jugada.
Un engranaje en una maquinaria silenciosa.
Yo era eso.
No la esposa.
No el corazón que él decía cuida