Hay algo especial en caminar con alguien cuando ninguno de los dos tiene prisa por llegar a ningún lado. No es exactamente una cita todavía, ni una conversación formal donde cada palabra se mide con cuidado. Es más bien un espacio intermedio, un territorio que se abre cuando dos personas han decidido ser honestas entre sí y todavía están descubriendo qué significa esa honestidad. Mientras Paolo y yo avanzábamos por el sendero que bordeaba el jardín central del campus, sentía precisamente eso: l