Hay momentos que uno reconoce como importantes incluso antes de entender completamente por qué lo son. No es una sensación dramática ni una intuición casi sobrenatural como suelen describirla en las historias; es algo más simple, más silencioso, como si una parte de tu mente registrara que la estructura de una relación está a punto de moverse hacia otro lugar. Esa tarde, mientras Zoe y yo seguíamos observando el jardín desde el ventanal del laboratorio, tuve la certeza de que estábamos presenci