Lo que más temía no era que Derek me encontrara. Era que, cuando lo hiciera… yo no tuviera la fuerza para no escucharlo. Porque él no hablaba con gritos. Ni con amenazas. Hablaba como un dios que te ofrece la salvación… a cambio de que dejes de ser humana.
La cita llegó por un mensaje anónimo.
Coordenadas. Hora. Silencio.
Una galería de arte cerrada en el centro de la ciudad de Ginebra. Afuera, la noche había caído con esa calma que siempre precede a una tormenta. Las farolas lanzaban conos de