ETHAN
La noche se deshacía sobre Roma como tinta derramada, lenta, espesa, cubriéndolo todo con ese brillo fatalista que solo esta ciudad puede ofrecer cuando decide mostrarse como la ruina hermosa que es; en el salón principal, las luces eran apenas un resplandor ámbar sobre las paredes de mármol, palpitaban, titilaban casi al ritmo de mi propia respiración, como si incluso la electricidad supiera que estaba perdiendo la paciencia o la cordura, o ambas al mismo tiempo, y ese parpadeo tenue hac