Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa mañana en Nápoles tenía ese tipo de luz que no iluminaba nada, solo revelaba las sombras que siempre estuvieron allí, esperando. Había dejado la mansión Salvatore antes del amanecer, en silencio, sin avisarle a nadie; necesitaba un lugar donde la respiración no sonara como un acto de guerra y donde el mundo no pareciera construido para estallar bajo mis pies. La ciudad despertaba con lentitud, con un murmullo antiguo, entre calles estrechas que olían a piedra húmeda, incienso viejo y pan recién horneado. Caminé sin rumbo, guiada por un impulso que no entendía del todo. Cinco cuadras después, sentí la presencia de la iglesia antes de verla. Un muro alto, una puerta de madera gastada y un campanario que recortaba el cielo gris.
No sabía por qué entraba. Tal vez porque nadie me buscaría al







