En las semanas siguientes comencé a comprender que el silencio que habíamos observado no solo estaba transformando las dinámicas visibles de interacción dentro de la institución, sino también algo mucho más profundo: la manera en que el sistema intentaba percibir la realidad. Durante años habíamos construido una red compleja de métricas destinadas a capturar la actividad humana en números comprensibles: tiempo de participación, frecuencia de intervención, duración de debates, intensidad de cola