Aron no durmió. Simplemente no pudo pegar ojo en toda la noche.
Y ni siquiera lo intentó.
Permaneció de pie frente a los ventanales de su dúplex, observando la ciudad extendida bajo sus pies como un organismo vivo, palpitante, indiferente a la tormenta que se gestaba en su interior. Las luces nocturnas parecían burlarse de él, parpadeando con una normalidad insultante mientras su mundo acababa de desplazarse de eje.
Había esperado a su compañera durante décadas. La había sentido en sueños, en p