La cerradura del apartamento se movió con un clic seco, y luego la puerta principal se abrió de golpe, golpeando la pared. Leyla se tensó al instante. No necesitaba verlo para saber en qué estado venía; los pasos pesados, arrastrados, desordenados eran suficientes para que un escalofrío le recorriera la columna.Suspiró, bajando la mirada a las hojas regadas por toda la mesa del comedor. Su laptop abierta seguía marcando la página del temario, aunque ya llevaba más de diez minutos leyendo sin realmente leer. El examen del día siguiente era importante, crucial para su futuro. Pero ninguna meta personal, ningún sueño, sobrevivía intacto en un hogar gobernado por un alfa iracundo como su padre.Recogió las hojas con manos temblorosas, tratando de ponerlas en orden mientras escuchaba cómo él dejaba caer las llaves sobre la consola de la entrada. El sonido metálico rebotó en las paredes, demasiado fuerte, demasiado agresivo. Era como si todo en ese apartamento temblara ante él.Leyla camin
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