Aron vio a lo lejos la punta croma del gran edificio que se erguía a varios cientos de metros de distancia desde su posición, acelero el motor con ganas de ya estar en su dúplex, su trabajo fuera del hombre millonario, como alfa era una responsabilidad demandante, a pesar de que los traslados son relativamente rápidos su lobo no era fan de volar en su jet privado por muy rápido que resultara de esa manera, hizo falta al menos una dos horas en una carrera por el bosque para poder calmar a la bestia en su interior.
Ahora estaba más sereno.
Con un suave sonido del motor de su vehículo apenas pasaba desapercibido a medida que se aproximaba al gran hotel y conducía de inmediato hacia el estacionamiento.
Con un movimiento de su mano giro la llave en el contacto cuando aparco en su plaza y apago el motor de su auto, sus sentidos agudizados le dijeron que el lugar estaba totalmente solitario y contuvo un suspiro mientras que abría la puerta y se deslizaba fuera de su asiento, el aire de la noche le dio la bienvenida de vuelta a casa, así como los olores familiares del lugar.
«Tiempo sin venir a este lugar» pensó con un sentimiento de aprensión en su pecho
Era su hogar, su imperio, su manada… ¿Entonces por qué de repente se sentía tan solitario en aquel lugar? Aron bien podría ignorar sus propios sentimientos en ese momento y es que no era la primera vez que un pensamiento como aquel cruzaba su cabeza, lo que siempre hacia era ahogarlos con un vaso de whisky o alejarlos con una buena carrera.
Lo último ya lo hacía hecho y sabía que arriba en su habitación su mini bar lo estaba esperando.
Las luces del estacionamiento estaban encendidas, bombillos blancos en filas por todo el techo de cemento iluminaban todo a su paso a medida se dirigía hacia el ascensor, había recibido un informe en el avión de los nuevos acontecimientos en el territorio, sin embargo, sabía que su beta Taylor podría darle los detalles en persona, así como también había preparado una convocación para toda la manada luego de enterarse de los últimos acontecimientos. Por otro lado el consejo y su propia madre lo presionaba para conseguir a su compañera, o por lo menos una Luna suplemente para poder asegurar el futuro de la manada.
Ser un alfa soltero no era lo mejor a estas alturas de su vida. Era el único hombre de su familia, el único alfa que tenia su manada, sabia muy bien la responsabilidad que recaía sobre sus hombros. Si pensaba que no encontrar a su compañera a sus treinta y dos años era desalentador, mucho peor era la idea de juntarse con una mujer que no lo fuera.
No lo mal entiendan, habia sido un playboy la mayor parte de su vida, pero de un tiempo para acá, no podía seguir ignorando las necesidades de su lobo.
Ya en frente del ascensor presiono el botón y espero a la caja de metal cuando de repente un aroma capto su atención, escucho el sonido de unas pequeñas pisadas acercándose y viniendo de la dirección opuesta al estacionamiento, justo a su lado.
Frunció el ceño y miro a un lado, la puerta de la salida de emergencia estaba entre abierta, el personal tenía entendido que esa puerta solo era usada en casos de emergencia, si bien no tenían ningún cerrojo era por ser una salida de emergencia, el hecho de haberla dejado abierta podría darle acceso a cualquier persona.
Solo un puñado de personas debían tener acceso a ella.
Aun con el ceño fruncido, Aron se siguió acercando.
Las manos de Aron rozaron la manija de la puerta cuando de repente esta se abrió de golpe, una pequeña figura se estrelló contra su pecho, Aron no se inmuto y contuvo un bajo gruñido empezar en su garganta listo para enfrentarse a aquel intruso cuando un grito femenino llamo su atención, sus manos se movieron solas inmovilizando aquel cuerpo contra la pared más cercana, el lugar no tenía muy buena iluminación pero ese simple movimiento de su parte fue suficiente para que un pequeño rayo de luz proveniente del bombillo más cercano iluminara el rostro femenino a solo un par de pulgadas del suyo
Se trataba de una chica, cabello oscuro, menuda, ojos color café que en ese momento estaban brillantes por el pánico y el reconocimiento.
—Tu…—Balbuceo ella, el miedo saliendo como una fragancia agria de sus poros
Aron alzo una ceja a punto de abrir la boca para exigirle quien era y que estaba haciendo ahí cuando de repente su delicioso aroma lo detuvo en seco, no podía articular ni una sola palabra, su lobo movió la cola en su cabeza, un bajo gruñido retumbo en su pecho
«Mía» su lobo estaba haciendo estragos en su cabeza mientras la verdad empezaba a filtrarse y ahora veía a aquella mujer de una manera totalmente diferente
—¿Quién eres? —Pregunto él cuando al fin logro mantener su lobo bajo control
Leyla contuvo un estremecimiento al escuchar su voz, escucho perfectamente el bajo gruñido gutural emerger del pecho del hombre, lo había escuchado miles de veces en su infancia como saber que no era un sonido “normal”. Además de que el color azul en los ojos del desconocido, brillaban de una forma surreal, como si de un par de zafiros se tratara.
Antes de que Aron procesara su siguiente movimiento, ella le encesto un golpe en la rodilla, sorprendiéndolo con su fuerza y liberándola de su agarre. La mujer salió disparada por el estacionamiento mientras que él se recomponía, los instintos de Aron salieron a la superficie y examino el estacionamiento con meticulosidad. De repente una moto de paseo —automática— salió de un rincón. De inmediato reconoció a su compañera pero ella acelero alejándose del edificio.
Aron aulló de rabia
Aquello lo había tomado desprevenido, no podía cazarla en plena ciudad, cualquiera podría conocer su naturaleza sobre natural y debía ser cuidadoso.
— ¡Maldición! —Gruñó, la realidad de haber perdido a su compañera del alma justo ahora que la encontraba lo tenía listo para golpear sus propias pelotas.
¿Acaso existía alguien con peor suerte que la suya?