Extendió la mano. Dudé. Pero la etiqueta me obligó a corresponder.
Su piel estaba fría, el contacto fue demasiado prolongado. Se inclinó, rozando mis nudillos con sus labios en un gesto que pretendía ser cortesía, pero gritaba provocación. No apartó la vista de mí, aunque su sonrisa estaba dirigida a él.
—Denayt Beaumont. Ahora entiendo por qué mi querido amigo ha caído rendido a tus pies.
La mandíbula de Vincent se tensó, la vena en su cuello palpitó. Fingí, como si no me estuviera cortando