Edmundo se quedó mirándola como revisando una obra de arte en busca de imperfecciones.
—Así que… tú eres Denayt Beaumont. Qué curioso. No tenía idea de que aún quedaba Beaumont en el país.
Ella hizo una leve reverencia, mantuvo la cabeza erguida. Luego tendió su mano ocultando el leve temblor en sus dedos.
—Es un placer conocerlo —respondió con voz suave, pero firme—. Vin me ha hablado mucho de usted. Y, respondiendo a su pregunta… Mis padres fallecieron hace años. Me crié con mi tía, en un lu