Las chicas miraron a su hermana.
—Ellas son mis hermanas —fue lo único que se le ocurrió decir.
Completamente ajenas al campo minado que pisaban, extendieron sus manos.
—Hola, soy Elora.
—Siena —agregó la otra, sin quitarle los ojos de encima a Vincent.
Denayt estaba tan nerviosa, que Vincent pudo notarlo. Él estrechó sus manos.
—Vincent.
Ambas sonrieron.
—Es un gusto Vincin —dijeron al unísono.
Vincent parpadeó una vez. Luego frunció el ceño con tanta lentitud. Apretó la mandíbula con