Él negó con la cabeza. Un par de lágrimas se deslizaron sin permiso por su rostro. Denayt permaneció en silencio; sentía que si abría la boca, empezaría a llorar. Y no podía permitirse eso.
Gael la miró como si fuera una extraña. Dio un paso atrás, lento, incrédulo, como si todavía se aferrara a la esperanza de que todo fuera un malentendido. No podía entender cómo alguien podía cambiar tanto en tan poco tiempo.
—Te mintieron allá —dijo, con la voz apagada—. O quizás… te perdiste.
—Conocí la re