Madrid era distinta a todo lo que conocía.
Los edificios antiguos mezclados con cafés modernos, los atardeceres que teñían el cielo de oro, y ese idioma que entendía perfectamente pero que ahora sabía diferente. Todo parecía un universo paralelo… uno en el que Emily Thompson no era la protagonista del escándalo amoroso más jugoso de la prensa empresarial.
O al menos eso intentaba.
Porque bastaba abrir cualquier red social, recibir una notificación aleatoria o escuchar la televisión en el fondo