La casa estaba en completo silencio… por primera vez en días.
Emily estaba en la sala, en pijamas de algodón, una copa de vino (sin alcohol… gracias, gemelos número dos) en la mano, y el cabello recogido en una trenza floja que ya había perdido toda estética. Leo, Alexander y Ariadne dormían en la habitación contigua —milagrosamente— y Albert estaba en la cocina preparando algo que decía ser “cena gourmet” pero que probablemente acabaría siendo sándwiches con nombres franceses.
Mientras Emily a