El eco de la ciudad europea no era tan ruidoso como el de su antigua vida, pero Emily aún despertaba con la sensación de estar llegando tarde a algo. Tarde a su trabajo, a sus emociones, a sus propias decisiones.
Se sentó en el borde de la cama de su pequeño apartamento amueblado con muebles de segunda mano y plantas que Valeria juraba que le hablaban en italiano.
—Llevas días sin dormir —dijo su amiga, saliendo del baño mientras se secaba el cabello—. Vas a terminar pareciéndote a una enfermer